Hace
ya mucho tiempo atrás, una bellísima mujer y su esposo samurai vivían en lo que
parecía ser un matrimonio feliz y normal. Era una pareja estable y respetada,
la cual nadie criticaba. Ambos, jóvenes,
parecían amarse mucho.
Hasta
que un día, el samurai se enteró de una noticia devastadora, la cual lo llenó
de rabia e impotencia. Su esposa lo engañaba constantemente, con varias
personas. Éste espero a que su mujer regrese a la casa y cuando llegó la
increpó. Comenzó una discusión fuerte, con agresiones verbales y físicas
incluidas. Ella admitió sus acciones, enfureciéndolo aún más.
El
samurai, decidido a que su esposa no lo humille más, tomó su espada y le cortó
la boca de oreja a oreja. Ella quedo inconsciente y totalmente desfigurada,
toda belleza que en su momento deslumbraba a cual hombre se le cruce había
desaparecido.
El
joven dio por fallecida a su hermosa mujer, así que la tomó y la abandonó en un
pantano lejos de su casa, para que no encontraran el cuerpo. Volvió a su hogar y limpió la escena del
crimen, continuando con su vida cotidiana.
Con
el correr de los días su familia al no verla junto a él le preguntaba donde se
encontraba y porque no aparecía. Este contestaba que ella lo había abandonado
después de una discusión y que no quería hablar más del tema porque estaba muy
afectado.
La
mujer, a la que su esposo creía muerta, despertó en el pantano, muy lastimada.
Se refugió en una casa abandonada cerca de allí, donde ella misma cosió su boca
y se curó con hierbas medicinales. Se alimentaba de lo que podía encontrar, y
una vez sana y llena de ira, se dispuso a planificar una venganza.
En
aquella casa abandonada todavía había muchos utensilios, y lo que más le agradó
encontrar a la mujer fue una espada casi nueva, en perfecto estado. Así fue
como ideó su plan, el cual consistía en vengarse asesinando a todas las mujeres
de la familia del samurai cortándole la boca al igual que ella y luego
clavándole la espada en su corazón. No lo pensó más y comenzó con la masacre.
Una
noche, luego de varias semanas de aquel hecho que desencadenaría el espíritu
asesino de la mujer, ésta marchó hacia la casa de la madre de su esposo. Como su suegra vivía sola no tardó en entrar
y proceder con el asesinato. Ingresó por la parte trasera de la casa y la
encontró durmiendo plácidamente. La anciana se despertó y la vio parada al lado
de su cama. Primero se asustó pero luego la observó mejor y se dio cuenta de
que era su nuera. Le preguntó que hacia allí, y por qué había abandonado a su
hijo, pero la joven sin ningún tipo de compasión desenvainó su espada y le
cortó la boca. La anciana comenzó a gritar desesperadamente hasta que su nuera
le clavó el arma en su corazón y la mató.
Al
día siguiente, la hermana del samurai se dirigió a la casa de su madre y se
encontró con esa escena horrenda llena de sangre por todas partes. Toda la
familia quedó muy consternada y afligida, preguntándose el porqué de tanta
violencia. Pero el más afectado fue el samurai, el cual reconocía perfectamente
la marca en el rostro de su madre, pero no podía decírselo a su familia ya que él
había contado una versión distinta del hecho.
Luego
de un par de días, se encontraban las dos hermanas del samurai en la misma
casa, entristecidas y decaídas todavía por el acontecimiento trágico. La joven,
su cuñada, marchó hacia ellas y tocó la puerta. Ellas abrieron y la
reconocieron. Totalmente sorprendidas la dejaron pasar, hacía mucho tiempo que
no la veían, y además, era una persona de su confianza. La mujer entró y
violentamente las encerró en un cuarto pequeño. Ingresó y sin dudarlo sacó su
espada y les corto la boca a ambas. Luego la clavó en sus corazones y se fue.
Después
de encontrar los cadáveres de sus dos hermanas con las mismas marcas que su
madre y su mujer el samurai perdió la cordura. No solo habían fallecido tres
importantes mujeres de su vida, sino que no entendía como todas podían tener la
misma marca que su esposa, si ésta estaba muerta para él. Se llenó de
interrogantes y poco a poco fue enloqueciendo y cerrándose a todo contacto
humano, lo único que pensaba era en esos hechos horribles.
Una
vez cometidos estos crímenes y con su objetivo casi logrado, la joven esposa se
dispuso a concluir su plan terminando con la vida de su esposo, el cual había
querido atentar contra su vida.
Se
dirigió a su antigua casa, sabiendo que su marido se iba a encontrar solo, ya
que no tenía más a su familia. Conocía perfectamente su hogar, así que marchó a
la parte trasera para ingresar por aquella puerta que permanecía generalmente
sin llave. Entró y allí encontró a ese hombre, ese al que tanto rencor y odio
le tenía por fin estaba ahí, solo. El samurai la vio y quedó perplejo, no podía
creer lo que estaba observando. Su hermosa mujer a la que creía muerta estaba
parada delante de él. Creyó que era un espíritu, un ente, él estaba convencido
de que la había matado.
La
joven preguntó: -“¿Watashi kirei?” (¿Soy hermosa?). Su esposo respondió que sí,
que era muy hermosa. Ella se descubrió la cara dejando ver la marca tan
horrible que él le había provocado. Volvió a preguntar: -“Kore demo?” (¿Y
ahora?). El hombre respondió nuevamente que sí, que realmente era muy bella y
que lo perdone.
La
mujer sin piedad le cortó la boca del mismo modo y le clavó su espada en el
corazón, matándolo. Acabó por fin su plan de venganza, por fin había podido
provocar el mismo dolor a su marido. Observó la escena del crimen y recordó
todos los hechos trágicos que había protagonizado horrorizándose de lo que
había realizado. Todo lo que había hecho lo hizo en un estado de enojo y rabia,
y ahora que todo había terminado no podía creer lo que había cometido.
Así
fue como decidió acabar con su existencia, ya no tenía más que hacer con su
vida y no podía vivir con todo el sentimiento de culpa por las muertes que
provocó. Se clavó la espada en el corazón y cayó en el suelo.
Pero
al caer, su rostro ya no tenía más esa marca de oreja a oreja, su cuerpo ya
descansaba en paz libre de todo ese espíritu maligno que la tentó a realizar
todos los asesinatos, libre de la marca que la había alentado a vengarse. Su
cuerpo y alma pura se separaron de ese espíritu que quedó vagando en la tierra.
Días
después se propaga en el pueblo la noticia de que una mujer fue hallada muerta
cerca de un río con una horrible boca cortada y una espada en el corazón,
comenzando de nuevo esta serie de asesinatos…
Gabriela Carrizo y Melisa Robles.
Gabriela Carrizo y Melisa Robles.
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